La Semana Santa es una celebración religiosa que recuerda la pasión, muerte y resurrección de Cristo. En la capital peruana, existe un lugar emblemático donde cada año se vive la fe y religiosidad. Se trata del Cerro San Cristóbal, en el Rímac, permanente escenario de la escenificación de la vida, pasión y muerte de Jesucristo.

Desde el corazón del distrito limeño del Rímac, el Cerro San Cristóbal se ha convertido en un símbolo de devoción y espiritualidad durante la Semana Santa. No solo destaca la cruz de fierro y hormigón de 20 metros de altura y 48 luminarias que corona su cima, sino también porque desde hace más de 30 años es un lugar de peregrinación para los fieles católicos, quienes participan en la representación de la vida, muerte y resurrección de Cristo.

La historia cuenta que entre los años 1535 y 1536, Francisco Pizarro y sus hombres intentaban apoderarse del centro de la ciudad, mientras que grupos de soldados al mando del monarca Tito Cusi Yupanqui tomaban el Apu Usharu, al que Pizarro bautizó como "Cerro San Cristóbal", para defenderse de la invasión, según relata el historiador rimense Isaac Ardiles.

“El inca mandó tropas al mando del general Titu Cusi Yupanqui para que erradique a los españoles que habían fundado la Ciudad de Los Reyes. Cada vez que cruzaban el río, el río crecía- en época de la que no había mucha afluencia -y arrastraba cualquier cantidad de soldados. Pizarro le decía sus tropas que se encomienden a San Cristóbal, que es el patrono de los transportistas de los carreteros”, dice Isaac Ardiles, historiador de la Municipalidad del Rímac.

Ardiles cuenta que, como tributo, los protectores de Lima realizaron caminatas hasta la parte superior del Cerro San Cristóbal. Agrega que, en ese lugar, con los años, se construyó una capilla a la que le agregaron una cruz de madera, símbolo que fue reemplazado en varias ocasiones.

Fue el Fray Francisco Aramburú, miembro del Convento de los Descalzos, quien en 1928 impulsó una colecta pública para financiar la construcción de una estructura más sólida y que pudiera ser iluminada durante la noche. Esta actividad fue tan relevante que contó con la participación del presidente de la República, Augusto B. Leguía.

Posteriormente, se instalaron en la vía principal hacia la cima las otras 14 cruces, que representan la totalidad de estaciones y momentos significativos del recorrido de Jesucristo hacia el calvario. Estas cruces son seguidas y respetadas por los peregrinos durante el recorrido de Pascuas.

Esta actividad es llevada a cabo por los vecinos organizados y no por un círculo católico en específico. El padre Víctor Solís, portavoz del Arzobispado de Lima, señaló que esta manifestación de fe, surgida del pueblo, es apreciada por la Iglesia Católica.

 

 

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