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Vie, Feb

El amigo ausente

El amigo ausente

Sociedad
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SOBRE la muerte se ha escrito montones de cosas y como tema sigue ofreciéndose como una fuente de inspiración inagotable. Poetas y escritores le han sacado el jugo. Y quienes no lo son, lo que repiten lo recogen de las pendientes de lo consabido. Sobre ella, Ernest Hemingway llegó a decir que “la muerte es una puta más con la que no quiero acostarme”.


PENSABA en lo anterior acordándome de Rolando Rodrich, quien, ayer, cumplió un año de muerto. La última vez que hablamos fue dos días antes, por su cumpleaños, y la última vez que nos vimos, cara a cara, ocurrió poco antes de la pandemia. En su casa. Estábamos él, María Luisa y yo. Ella de anfitriona. Almorzábamos.
LA llamada telefónica que le hice por su cumpleaños duró como veinte minutos. Hablamos de todo. Hasta de la vida y la muerte. Lo hacemos cuando nos preguntamos por la salud de cada quien y para saber, con esa pregunta, qué tan próximos estamos de pasar a mejor vida, aunque con la muerte nunca se sabe. Te lleva sin pestañar y así nomás.
LO último que también recuerdo de esa conversación onomástica por teléfono con Rolando fue esto. Me habló, antes de despedirnos, de una libretita de bolsillo que llegué a conocer y que perteneció a don Alejandro Alberdi Carrión. En ella, él, que era todo un personaje en la Piura de entonces, tenía anotadas las fechas de los cumpleaños de todos sus amigos y conocidos. Cada mañana, al levantarse de la cama, don Alejo la abría para saber quién estaba de santo ese día y saludar. Rolando terminó diciéndome: ¿A que no sabes quién la tiene?
LA amistad que cultivamos con el Turco Rodrich, como gustaban llamarlo algunos por su padre, en sus tiempos un destacado futbolista del Juan Aurich y la U, era de larga data. Nos conocimos a principios de los años 70. Por los pasillos del antiguo Hospital de Belén. Buscando información. Él como redactor del diario “Correo” y yo como corresponsal del diario “La Prensa” de Lima. Nuestros pininos en este oficio se remontan a esa época. También empezábamos a estudiar periodismo en la Universidad de Piura.
HASTA ahora la muerte de Rolando me lastima. Lo recuerdo como un periodista destacado y como uno de los mejores directores que haya tenido el diario “Correo” de Piura. Aunque me consuelo repitiendo lo que decía Borges sobre la muerte. Que, si esta viene para llevarte a conocer mejores horizontes, bienvenida sea.

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